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Macarons: ¿Por qué son tan caros y difíciles de amar?

Macarons: ¿Por qué son tan caros y difíciles de amar?

En los últimos años, los macarons se han convertido en sinónimo de postres de lujo, y pocos dulces son tan reconocibles como el icónico macaron. Estos delicados dulces franceses casi han ganado un lugar junto a la palabra “influencer”. Una búsqueda rápida de “macarons” en Instagram devuelve seis veces más resultados que el término “postre”. Su popularidad no es solo en línea: los macarons han invadido cafeterías, generalmente vestidos en suaves tonos pastel, convirtiéndose en un accesorio fotográfico imprescindible y símbolo de indulgencia.

Sin embargo, a pesar de su fama generalizada, los macarons han generado mucho debate. Para los amantes del macaron, son delicados, dulces y oníricos. Para quienes no los aprecian, son demasiado caros, empalagosos y no más que un accesorio de Instagram para impresionar. Este sentimiento es especialmente común entre los nuevos en el mundo del macaron en China.

¿Qué es un macaron?

El origen del macaron es un misterio, pero se cree ampliamente que fue introducido en Francia por Catalina de Médici desde Italia, acompañada de sus pasteleros. Inicialmente, los macarons eran simples galletas de merengue de almendra, sin relleno. No fue hasta 1900 que Pierre Desfontaines, un pastelero, innovó al intercalar ganache de chocolate entre dos galletas de merengue de almendra, dando así origen al ‘macaron parisino’.

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El famoso salón de té parisino Ladurée pronto fue reconocido como la cuna del macaron francés.

La cáscara de un macaron se elabora con claras de huevo, harina de almendra y azúcar glas, con colorantes alimentarios para variaciones coloridas.

Existen tres métodos clásicos para hacer las cáscaras de macaron:

  • Merengue francés: Batir claras de huevo con azúcar hasta formar picos suaves, es la técnica más simple.
  • Merengue suizo: Las claras y el azúcar se calientan suavemente al baño María hasta disolver el azúcar, luego se baten a picos suaves.
  • Merengue italiano: Un jarabe de azúcar y agua se hierve a 115°C (239°F) y se vierte sobre claras batidas, cociéndolas en el proceso, lo que crea una cáscara crujiente exterior y un interior masticable.

El macaron perfecto: apariencia y textura

Según Dorie Greenspan, experta en repostería que colaboró con Pierre Hermé y autora de varios libros de cocina, un macaron perfecto debe tener un bonito “pie” crujiente (los bordes fruncidos), una superficie redonda y lisa, y base plana. La textura debe ser crujiente por fuera pero suave y húmeda por dentro con un centro denso y masticable.

Los mejores macarons equilibran la crujiente ligereza de la cáscara con el relleno cremoso, sin la textura desmenuzable de las galletas comunes.

¿Cómo domar la dulzura de los macarons?

La queja más común sobre los macarons es su dulzor abrumador. Pero los macarons modernos han evolucionado, y muchos pasteleros crean rellenos más frescos y menos empalagosos, como limón, frambuesa o pistacho.

Para equilibrar la dulzura, elige rellenos con sabores contrastantes. Café amargo, chocolate oscuro o limón ácido y caramelo salado marino ofrecen un buen contraste. Acompañar con una taza de té, especialmente de Ceilán o Darjeeling, también ayuda a contrarrestar la dulzura y elevar la experiencia.

¿Por qué son tan caros los macarons?

Los macarons siempre se han visto como artículo de lujo. En París, un macaron puede costar 2-3 euros, mientras que en China pueden alcanzar 20 RMB por unidad. Muchos chinos perciben comer macarons como un acto de “ostentación” por su alto precio.

Sin embargo, hay más que el precio. Los macarons son notoriamente difíciles de hacer. Ni los pasteleros más expertos garantizan resultados perfectos. Factores como proporciones de ingredientes, equipo, técnica, clima y humedad afectan el resultado. Por esto, los macarons suelen ser el “producto estrella” de una pastelería.

A pesar de los desafíos, los macarons siguen de moda por su versatilidad y posibilidades creativas. Chefs famosos como Pierre Hermé los han transformado con sabores como trufa blanca-nuez, rosa-frambuesa y maracuyá-limón.

Reflexiones finales

Te gusten o no, los macarons son íconos de la repostería. Su forma delicada, infinitas opciones de sabores y fuerte presencia cultural los convierten en más que un snack. Son una experiencia de lujo.

Sí, son dulces y costosos. Pero bien combinados, los macarons pueden sorprender gratamente. Ofrecen más que sabor: ofrecen arte e indulgencia.

La próxima vez que veas uno, no pienses solo en “postre lindo”. Considéralo un pequeño bocado colorido de arte comestible.

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