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Ella come por la nariz y dice que la comida sabe mejor

Se supone que comer es un placer.
Para una mujer estadounidense llamada Kathryn Andrea, cada comida conlleva el riesgo de sufrir lesiones graves o incluso la muerte.

Kathryn no come como lo hace la mayoría de la gente.
No usa la boca en absoluto.

En cambio, come por la nariz.

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Un hábito que hacía que cada comida fuera peligrosa

Kathryn Andrea tiene 31 años.
Durante años, ha confiado en sus fosas nasales y no en su boca para consumir alimentos.

Esto no se aplica sólo a los líquidos.
Tostadas, bistec, tortillas y otras comidas sólidas se mezclan hasta formar una pasta suave antes de que ella los inhale por la nariz.

Después, suele reaccionar con expresiones exageradas.
Ella insiste en que la comida sabe mejor así.

Cómo un desafío universitario lo cambió todo

Kathryn no siempre comió así.
El hábito comenzó cuando ella estaba en la universidad.

Una amiga la desafió una vez a beber jugo de frutas por la nariz.
Decidió probarlo por curiosidad.

Lo que pasó después la sorprendió.
Cuando el líquido entró en su cavidad nasal, el sabor se sintió mucho más fuerte.

La sensación era intensa y extrañamente placentera.
Ella lo describió como una experiencia completamente nueva.

A partir de ese momento empezó a experimentar más.
Finalmente, dejó de usar la boca para comer por completo.

Kathryn explicó más tarde que los humanos técnicamente tienen dos formas de ingerir alimentos.
Se preguntó por qué usar la boca debería ser la única opción aceptable.

Dominar una habilidad que la mayoría de la gente no puede tolerar

La mayoría de las personas sienten una incomodidad extrema cuando les entra agua por la nariz.
Kathryn se adaptó rápidamente.

Aprendió a inhalar comida sin ahogarse.
Como máximo, al principio sólo experimentó una o dos hemorragias nasales.

Ya lleva cinco años comiendo así.
Las bebidas picantes, calientes, heladas e incluso alcohólicas no son un problema para ella.

Ella afirma que el alcohol crea la misma sensación de ardor.
Se siente similar a tragarlo normalmente.

Con el tiempo, empezó a no gustarle masticar.
Lo describió como primitivo e inquietante.

Las texturas de la comida en su boca comenzaron a disgustarle.
Comer por la nariz se sentía más limpio y refinado.

Por qué creía que era una mejor opción

Kathryn se convenció de que el hábito tenía beneficios.
Ella creía que protegía sus dientes y reducía el riesgo de asfixia.

También pensó que ayudaba a controlar la ingesta de calorías.
Mezclar alimentos hacía que comer en exceso fuera más difícil.

Como resultado, perdió casi 16 kilogramos.
La pérdida de peso reforzó su creencia.

Sin embargo, pronto surgieron efectos secundarios.
Su voz se volvió notablemente nasal.

Sin embargo, el mayor problema era social.

Aislamiento social y ansiedad creciente

Amigos, familiares y parejas románticas lucharon por comprender su comportamiento.
Kathryn se resistió firmemente a ser juzgada.

Cada vez que surgía el tema, se ponía a la defensiva.
La gente a su alrededor empezó a evitar el tema por completo.

Con el tiempo, varias amistades cercanas se desvanecieron.
Se sentía cada vez más incómoda en público.

Comenzó a evitar las salidas sociales.
Temía que la miraran como si fuera algo anormal.

Una cita que terminó en un silencio incómodo

Recientemente, Kathryn fue a cenar con un hombre llamado Justin.
Ya habían estado en varias citas.

Esta fue la primera vez que le mostró cómo come.
En el restaurante, pidió al personal que le mezclara la comida.

Luego inhaló café helado por la nariz.
Justin quedó atónito.

Los comensales cercanos se rieron en silencio.
Cuando supo por qué lo hizo, le advirtió sobre los riesgos para la salud.

Kathryn reaccionó emocionalmente.
Ella lo acusó de juzgarla.

La cita acabó mal.
Justin dijo más tarde que si ni siquiera podía verla comer, no veía ningún futuro juntos.

Reacción en línea y preocupaciones médicas

Las reacciones en línea fueron duras.
Muchos la instaron a que dejara de hacerlo inmediatamente.

Algunos advirtieron que las membranas nasales pueden transportar bacterias directamente hacia el cerebro.
Otros hicieron referencia a infecciones comomeningitisy parásitos cerebrales raros.

Kathryn finalmente consultó a los médicos.
Ella tuvo suerte.

No se encontró infección pulmonar ni acumulación de líquido.
Sin embargo, las advertencias fueron serias.

Los médicos dijeron que continuar podría causar infecciones en los pulmones, los senos nasales y elsistema nervioso central.
También advirtieron de un riesgo real de asfixia y asfixia.

Tratando de romper con una adicción inusual

Esta vez Kathryn escuchó.
Prometió volver a comer normalmente.

El proceso no ha sido fácil.
Ella admite que se siente adicta a la alimentación nasal.

En situaciones de estrés, a veces recae.
Por ahora, considera que el hábito está prácticamente corregido.

Aún no está claro si este comportamiento se debe a problemas psicológicos.
Los médicos recomiendan una evaluación adicional.

Para Kathryn, algo tan simple como comer se convirtió en una peligrosa obsesión.
Con suerte, encontrará una manera más segura de avanzar.

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