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No podía soltar a su gato

Para Mark McAuliffe, perder a su amado gato no sólo fue desgarrador.
También lo empujó a tomar una decisión que a muchas personas les costaría entender.

Este hombre de 38 años de Newcastle, en el Reino Unido, decidió conservar criogénicamente a su gata Bonny después de su muerte.
La decisión le causó un profundo dolor, pero también le dio una extraña sensación de consuelo y esperanza.

Mark no tiene pareja ni hijos.
Pero nunca se ha sentido verdaderamente solo.

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Comparte su casa con tres gatos y una tortuga, y los trata como a una familia.
Entre todos ellos, Bonny ocupaba un lugar único en su corazón.

Un vínculo que duró más de dos décadas

Bonny era una gata de pelo corto que Mark adoptó cuando solo tenía cinco semanas.
En ese momento, el propio Mark tenía sólo dieciséis años.

Crecieron juntos.
Bonny permaneció a su lado durante veintitrés años.

Desde la adolescencia hasta la edad adulta, desde la alegría hasta la decepción, desde la emoción hasta el dolor, Bonny fue testigo de cada capítulo importante de su vida.
Esa larga compañía creó un vínculo emocional que Mark describe como irremplazable.

El veinticuatro de junio, Bonny falleció debido a la vejez y el deterioro de su salud.
Mark dice que comenzó a desmoronarse tan pronto como los médicos confirmaron su condición.

Sabía lo que vendría.
Y sabía que no podría aceptarlo.

Elegir la preservación criónica

Incluso antes de que Bonny muriera, Mark ya había tomado una decisión.
Quería darle la oportunidad de regresar algún día.

Se puso en contacto con una empresa alemana con sede en Suiza que ofrece servicios de preservación criónica tanto para humanos como para animales.
La empresa opera bajo la creencia decriónica, que considera la muerte no como un fin, sino como una pausa en la actividad biológica.

Con mucho cuidado, Mark colocó el cuerpo de Bonny en un contenedor de transporte especializado para congelados proporcionado por la empresa.
Luego fue transportada bajo estrictas condiciones de cadena de frío a Rafz en Suiza.

Allí, colocaron a Bonny en un almacén subterráneo.
Su cuerpo ahora descansa dentro de un recipiente de acero aislado al vacío lleno de nitrógeno líquido a -196 grados Celsius.

En teoría, este entorno permite conservar el tejido biológico durante un tiempo extremadamente largo.

No es el único que espera

Bonny no está sola en las instalaciones.

Junto a ella se encuentran los cuerpos preservados de cinco humanos, quince cerebros humanos almacenados por separado, dos perros y ocho gatos, incluido Bonny.
En todo el mundo, unas ochocientas personas ya han firmado contratos con la empresa.

Algunos de ellos han planeado su preservación después de la muerte.
Marcos es uno de ellos.

El coste de preservar a Bonny ascendió a quince mil seiscientas libras.
Esto es aproximadamente una décima parte del precio necesario para preservar un cuerpo humano completo.

Mark dice que no sintió ninguna duda.

Había estado considerando comprar muebles a un precio similar.
Pero los muebles nunca podrían compararse con Bonny.

Planificando juntos el futuro

Mark ha sido honesto sobre una cosa.
Entre todas las mascotas que ha tenido, Bonny es la única que elegiría preservar de esta manera.

Admite que no podía soportar la idea de despertar un día y ver a muchas antiguas mascotas revividas juntas, como animales que vuelven a la vida dentro de un refugio.

Su deseo es simple.
Cuando su propia vida termine, quiere ser preservado junto a Bonny.

To make that possible, Mark purchased a life insurance policy.
El beneficiario es la propia empresa de criónica, lo que garantiza que los fondos se utilizarán para preservar su cuerpo después de su muerte.

Ya sea impulsado por la esperanza, el amor o la fe en la ciencia del futuro, Mark cree genuinamente que puede llegar el día en que él y Bonny puedan existir juntos nuevamente.

Ciencia, ética y controversia

El concepto de preservación criónica sigue siendo muy controvertido.

Para muchos críticos, la idea de congelar cuerpos mientras se espera un futuro renacimiento pertenece a las películas o novelas de ciencia ficción.
Argumentan que no hay garantía de que dicha tecnología funcione alguna vez.

Otros van más allá y lo llaman un negocio que se beneficia del dolor.
En su opinión, convierte el dolor de perder a seres queridos o mascotas en un producto comercial, lo que plantea serias preocupaciones éticas.

Sin embargo, los partidarios ven algo más.

Si personas como Mark pueden costear el servicio, y si les brinda aunque sea una pequeña medida de paz, esperanza o alivio emocional, entonces quizás tenga algún propósito.
Incluso si el avivamiento nunca ocurre, la creencia en sí misma puede funcionar como una especie de consuelo psicológico.

Para Mark, ese consuelo es real.
Y por ahora, le permite imaginar un futuro en el que el adiós no tiene por qué significar para siempre.

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